ETAPA 4: BORRES – LA MESA: 30 KM

Espectacular, dura e inolvidable. Faltan adjetivos para definir la etapa reina del Camino Primitivo. El trazado que conecta Borres con La Mesa a través de la sierra de Hospitales refleja lo duro que es el camino jacobeo por Asturias mientras recompensa ese sufrimiento físico con la belleza de los paisajes infinitos que disfrutas en esta etapa.

Amanece casi despejado en esta cuarta etapa del Camino Primitivo. La meteorología es crucial este día porque hay que cruzar la Sierra de Hospitales y caminaremos por encima de los mil metros de altitud y sin ningún tipo de punto intermedio de repostaje de agua (en 20 km) y de comida (en 24 km), con lo que es muy importante no arriesgar si hay mal tiempo e ir bien avituallado. Hospitales es una de las etapas más espectaculares de todos los Caminos que conducen a Santiago. Al menos eso es lo que dicen muchos de los veteranos del Camino de Santiago.

Amanece en Borres.

Por tanto, cuando amanece ya estoy preparado con un bocadillo descomunal comprado el día anterior en el Barín, frutos secos, chocolate y otras viandas y litro y medio de agua. Mi hermano me acompaña el primer kilómetro por una cuesta (como no) que nos saca de Borres y nos acerca a la aldea de Samblismo, donde se da la vuelta con la promesa de vernos en el Alto del Palo, ya que por ahí pasa la carretera que une Pola de Allande con Berducedo.

Vista atrás hacia Borres donde estuvimos magníficamente alojados.

He estado caminando todos estos días sólo. Lo cual es una suerte enorme pero, en esta etapa, me preocupa un poco porque la etapa de Hospitales no conviene hacerla en soledad. Sin embargo, apenas me despido de mi hermano y veo a lo lejos un peregrino que se hace fotos en la aldea de La Montera, el último núcleo habitado de la etapa hasta Lago, otra aldea que está a 20 km.

Thomas el alemán que no paró de hacer fotos en la subida hacia Hospitales.

Resulta que el peregrino es alemán, se llama Thomas y ha hecho parte del Camino del Norte y del Primitivo. Afrontamos juntos la primera hora de subida charlando sobre el Camino, sobre Cataluña y el independentismo, sobre Merkel y sobre cómo fue la integración de las dos Alemanias tras la caída del Muro de Berlín. Sin darnos cuenta nos plantamos cerca del primer hito de la etapa, los restos del hospital de Paradiella. Aquí hacemos una parada para re-desayunar.

Tomamos un descanso poco antes de llegar al hospital de Paradiella para comer parte del bocadillo.
Al fondo vemos la cuesta como asciendo hacia lo alto.
Subiendo la cuesta vista en la anterior foto.

De frente tenemos una cuesta bastante amenazadora que afrontamos junto a una pareja de madrileños que han hecho varias veces el Camino Primitivo. Tienen una historia muy especial: forman parte de un grupo de peregrinos de diferentes partes del mundo que se juntan todos los años para hacer un Camino de Santiago. Uno de los miembros del grupo murió de coronavirus hace unos meses. Para recordarlo, parte del grupo estuvo hace unas semanas plantando una cruz de hierro poco antes de llegar a las ruinas del hospital de Fonfaraón. Los dos madrileños acuden ahora al Camino Primitivo para llevar flores a la cruz pero no saben exactamente su ubicación.

Thomas el alemán junto a las coreanas que están descansando.
Los madrileños junto a la cruz en recuerdo a su amigo fallecido.

Dejo a Thomas el alemán, que se aleja a ritmo teutón, para ayudar a los madrileños a encontrar la cruz. No es difícil, está a pie de camino unos 500 metros antes de Fonfaraón. Junto a las dos coreanas que ayer vi en Campiello, que descansan cerca de la cruz, soy testigo del emotivo momento en que ajustan con bridas un ramo de flores en la cruz de su amigo fallecido. Explico a las señoras coreanas el motivo de la cruz y las flores y no paran de decirle a los madrileños “lo siento”, “lo siento”.

Ruinas del hospital de Fonfaraón.
El Camino pasa por un paraje casi sacado de la película Bravehart.

Quedan unos seis kilómetros para llegar al Puerto del Palo y los hago acompañado de los madrileños. Intercambiamos anécdotas peregrinas y arreglamos un poco España y, poco antes de llegar al Puerto del Palo acelero el paso y me despido. A lo lejos veo se ve la carretera que cruza el Puerto y veo a mi hermano que sale a mi encuentro. Cuando los dos nos sentamos en unos bancos de cemento que hay en El Palo y, gracias a mi hermano, hago algo que muy pocos peregrinos habrán hecho: me tomo un botellín de Estrella Galicia para celebrar la llegada al Palo.

Tras dejar el puerto del Palo toca descender por un sendero bastante pedregoso hacia la aldea de Montefurado que podemos ver allá abajo.

Tras unos 15 minutos de charla retomo el Camino. Quedo con mi hermano en vernos en Lago, una aldea a 6 km en la que hay una fuente. Afronto ahora una bajada bastante delicada por lo empinado y la cantidad de piedras sueltas del sendero descompuesto. Abajo veo una pequeña aldea llamada Montefurado. Sé que sólo tiene un habitante y que tiene mala fama. (Los hechos siempre tienen dos versiones: dicen que es un hombre muy desagradable con los peregrinos y que no les deja beber de un grifo que tiene junto a su casa. Por otro lado, resulta que este aldeano debe acarrear a caballo el agua con el que rellena el aljibe de su casa y tiene que soportar como algunos de los 20.000 peregrinos que transitan el Camino Primitivo aprovechan el grifo para lavarse los pies y derrochar agua).

Bordeando la minúscula aldea de Montefurado.
Tras Montefurado toca subir por un bonito sendero boscoso.
En este tramo caminamos rodeados de helechos en dirección a Lago.

Paso por Montefurado y no veo al hombre. Tras ascender la enésima cuesta del día (esta etapa tiene un desnivel de más de 1.000 metros positivos) el camino me mete por una senda llena de helechos. Cruzo una carretera local que conduce a Lago y Berducedo y transito por otro sendero que me acerca a Lago. Noto detrás de mí el pitido de una bicicleta y dejo pasar a dos bicigrinos a los que saludo. Darán mucho que hablar.

La fuente más importante del Camino Primitivo está en la aldea de Lago.

Entro en Lago y encuentro junto a la iglesia la fuente bien señalizada con un agua muy fresquita. Atravieso la aldea en ascenso y salgo de nuevo a la carretera donde encuentro de nuevo a mi hermano. Tras otra charla quedamos en vernos en Berducedo para comer. Tengo por delante 3,6 kilómetros hasta este último pueblo. Tras una ligera subida el Camino me introduce en un espectacular pinar. Después el sendero me lleva paralelo a la carretera. Atravieso otro bello pinar y entro en Berducedo sobre las 16.00. Este pequeño pueblo tiene varios albergues y restaurantes.

Bonito y enigmático pinar en el camino a Berducedo.

Mi hermano me espera en Casa Márquez, donde tomo un contundente menú del peregrino de arroz a la cubana, filetes de ternera con papas, helado y café. En la mesa de al lado están los dos bicigrinos que saludé antes de llegar a Lago. El alto se llama Javi y el más bajo y con barba David Salinas. Son de Sevilla la Nueva, un pueblo madrileño cerca de El Escorial.

David Salinas demuestra pronto su inagotable capacidad de ligar con mujeres: saluda a unas peregrinas señalando “que con esos andares querría llegar con vosotras a Santiago”, a una madre que se dirige a un parque infantil a recoger a sus hijos le dice “que hermosa madre, que mujer!”, a la dueña de Casa Márquez le dice “tienes un brillo en la mirada y por ti me quedaba aquí cuidando de las vacas”, da igual que la mujer le dijera que estaba casada. No para. Roza el límite de lo que toleraría una feminista de estos tiempos pero con una gracia y espontaneidad que no puede ofender. Charlamos y reímos un rato los cuatro.

Mirando atrás hacia Berducedo.
Tras dejar atrás Berducedo atravieso un bosque en parte embarrado.

Con el cuerpo un poco dolorido quedo con mi hermano en vernos en el albergue Miguelín de La Mesa, una aldea a 4,6 kilómetros de distancia. Como no, afronto una subida corta pero intensa que me saca de Berducedo. Atravieso un pinar en descenso y acabo en la carretera local que conduce a La Mesa. Otro alpargatazo de 2,5 kilómetros por asfalto aliviados por la belleza del paisaje asturiano de verdes prados y vacas. La Mesa es una aldea minúscula que tiene un albergue municipal ruinoso y, junto a él, una privado, el Miguelín, espectacular.

Entrado en La Mesa con el albergue de frente.

Conchita es el alma de este albergue que regenta junto a sus hijos Miguel y Jennifer. Esta aldeana asturiana es todo un referente de hospitalidad jacobea. Durante años acogió en su propia casa a peregrinos que llegaban a La Mesa y encontraban el húmedo albergue municipal lleno. También daba comidas. Ahora su familia regenta el albergue Miguelín, que cuenta con piscina, amplia terraza, restaurante y zona de literas o habitaciones dobles. Mi hermano y yo nos quedamos en una de estas habitaciones.

La habitación del albergue Miguelín. Impecable.

Tras la ducha de rigor y entregar la ropa sucia para el servicio de lavadora/secadora procedemos a echar la tarde en la terraza tomando Estrella Galicia. De nuevo los bicigrinos Javi y David se sientan junto a nosotros y se monta una tertulia con abundantes risas.

Las cervezas se acumulan tras echar la tarde en charla con David y Javi.

Según Javi, su amigo David está a jornada completa ligando en aplicaciones móviles y redes sociales. Lo que no evita que, en cuanto ve a Jennifer (que tiene novio) comience un largo y directo cortejo que, hay que decirlo, Jennifer llevó con humor. David se ofreció a quedarse a cuidar vacas en resto de la vida con ella.

David Salinas dándolo todo en la inolvidable velada que nos regaló en el albergue Miguelín.

Al final los cuatro compartimos mesa para la cena. Había otros tres peregrinos alojados en el albergue. Tres franceses que venían desde Le Puy, creo que cerca de Suiza. True pilgrims. David comenzó a contar chistes, a relatar aventuras de cuando vivía en Cerler en los Pirineos. O de cuando le cagaban las cabras en la cara en el pueblo en el que se crió. Con el primer gin tonic David se animó a cantar unos fandangos y al final se ganó un gran aplauso y los agradecimientos de los franceses, de Conchita y sus hijos y de nosotros. Creo que nunca se había visto un espectáculo como el que se vivió esa noche en La Mesa. Si David hubiera vivido en la Edad Media hubiera hecho el peregrinaje como un juglar de esos que vivía de sus canciones e iba de la cama de la molinera a la de la condesa mientras purgaba sus pecados yendo a Santiago.

Poco antes de medianoche finalizamos la increíble velada y nos fuimos a dormir. Fue el remate a una espectacular jornada peregrina. La disfruté mucho porque sabía además que era la última: al día siguiente a mediodía esperaba estar en la presa de Grandas de Salime donde daría por terminado el tramo asturiano del Camino Primitivo y volvería a casa.

Puedes ver las anteriores etapas aquí:

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