ETAPA 3:BODENAYA-BORRES 29 KM

Comienzo mi tercer día haciendo mi particular Camino Primitivo de Santiago. Mi hermano José Fernando me acompaña el kilómetro de distancia que hay desde Bodenaya hasta el pueblo de La Espina. Tomamos un café en el bar El Candano, donde compro un bocadillo de tortilla y jamón para llevar. Dos cafés y dos bocadillos (¡los llaman pinchos pero son bocadillos!) nos cuestan cinco euros, insuperable.

Agradable camino que me acerca a La Espina donde me despediré de mi hermano.

A partir de ahora mi hermano me acompañará en coche los tres días que restan esperándome para comer juntos y para compartir habitación en los albergues donde nos quedaremos. Ya que él no es peregrino (ha hecho 33 Caminos desde casi todas las provincias imaginables pero una lesión en el talón le tiene en el dique seco), hemos reservado para los próximos días habitaciones dobles en albergues privados.

Tengo por delante una larga etapa de casi 30 km. Dejo a mi hermano en La Espina y, al final del pueblo, junto a una rotonda, cojo un sendero hacia la derecha que me sumerge inmediatamente en lo que será uno de los tramos más bonitos de este Camino Primitivo: los 12 km que hay entre La Espina y Tineo. Me sumerjo en un bosque espectacular que, cuando se abre, da vistas al verdoso y exuberante valle de Tineo. Voy a media ladera por la boscosa Sierra de Tineo. Atravieso al comienzo de este tramo la aldea de La Pereda, donde hay algunas explotaciones vacunas. Encontraré algunas zonas despejadas con prados donde pacen las vacas pero el bosque será el protagonista de este tramo.

Rotonda al final de La Espina, se ve de frente el Camino que se despega de la carretera.
Tras la salida de La Pereda el Camino alterna prados con bosques.

Tras una hora de camino llego hasta la aldea de El Pedregal, donde hay una fuente a pie de camino riquísima. Charlo un rato con una señora mayor que me confirma que es la mejor agua del pueblo. Más adelante encuentro la Iglesia de El Pedregal donde puede uno autosellarse la credencial, cosa que hago. Cuidado a la salida de la Iglesia porque los escalones están resbaladizos (resbalé e hice una ridícula pero efectiva pirueta para mantener el equilibrio).

Llegando a la aldea de El Pedregal.
La bonita iglesia de El Pedregal.

Tras la aldea me sumerjo de nuevo en el bosque asturiano. Entero para mí, porque no encuentro a nadie hasta después de Tineo. Finalmente, antes del mediodía paso junto al campo de fútbol de Tineo y atravieso el paraje de la ermita de San Roque. Comienzo un largo descenso por un paseo boscoso hasta entrar en Tineo, donde no paro. Sigo las flechas y en cinco minutos atravieso el pueblo y comienzo una ligera subida que me acerca a la fuente de San Juan con bancos de piedra donde decido hacer una parada para comer el resto del bocadillo que compré en La Espina. Allí charlo un rato, como no, del inusual buen tiempo para ser mediados de octubre, con una simpática pareja de personas mayores que sumarán entre ambos casi doscientos años.

El Camino es de una gran belleza.
Prados a la izquierda mientras el Camino atraviesa un túnel boscoso.
Junto al Camino encuentro un banco con mesa donde hago una parada para comer parte del pincho-bocadillo que compré en La Espina.
ermita de San Roque muy cerca ya de Tineo.
Tineo justo debajo del Camino.

A unos cientos de metros de Tineo la senda, de nuevo sumergido en un bello bosque de castaños, me hace pasar junto a la casa de “El último de Filipinas” en una zona de especial belleza bucólica. Queda por delante una subida de unos 250 metros de desnivel positivo en algo más de cinco kilómetros hasta el collado de La Guardia. Me cruzo de nuevo con los tres peregrinos ucranianos. Ayer pasaron al atardecer por Bodenaya y terminaron en Tineo. Deben ser peregrinos que salen tarde y andan hasta la noche. Les dejo bebiendo el mejunje de su garrafa y afronto la subida a La Guardia por el bosque. Es muy tendida y mucho más fácil de lo que esperaba.

Precioso el entorno que hay justo tras dejar atrás Tineo. Las vistas al valle y a Tineo son magníficas.
De nuevo camino por un bosque caducifolio muy bonito.

Tras pasar el collado cojo un carril hacia la izquierda que me hace ascender levemente entre pastos cercados para iniciar un descenso decidido que culmina en una carretera comarcal, la AS-350. Las flechas dirigen hacia la derecha siguiendo por un cómodo arcén esta carretera durante unos 15 o 20 minutos hasta introducirse el Camino en un espectacular bosque caducifolio, el bosque de Obona. Los castaños y el musgo vuelven a hacerse los dueños del paisaje. Paro a tomar un bocado en el corazón de este bosque y cuando dejo de masticar, entra la sensación de que va a salir un guerrero celta, o un pitufo o un duende detrás de uno de los castaños.

Tras La Guardia las vistas se abren antes de iniciar el descenso a la carretera que me lleva al bosque de Obona.
He seguido unos cientos de metros la carretera hasta llegar a este punto donde está marcado el desvío al bosque de Obona.

Continúo por el sendero que, al poco, se convierte en carril y llego al cruce que conduce al monasterio abandonado de Obona. Estoy ya algo cansado y opto por seguir por el Camino Primitivo, así que continúo por el itinerario oficial (también es verdad que estoy saciado de monasterios misteriosos y este de Obona también tiene sus anécdotas paranormales) y, a unos 25 minutos del cruce, por fin salgo del bosque en la aldea de Villaluz, en cuyo lavadero hago un pausa de unos minutos.

Otro espectacular bosque este de Obona.
Desvío en el Camino para quienes quieran acercarse a conocer el monasterio de Obona.

Comienza ahora la parte más monótona y dura de esta etapa: un alpargatazo de 3 km por el asfalto de una carretera comarcal que me hace pasar junto a varias diminutas aldeas. Los kilómetros van pesando y estoy deseando llegar a Campiello, una aldea que cuenta con dos restaurantes, Don Ricardo y Casa Herminia y albergues. En Casa Herminia he quedado con mi hermano para almorzar. Son las 15.30 cuando afronto por la carretera una interminable curva hacia la izquierda en subida y me encuentro con Campiello al alcance de la mano.

Recta monótona hacia Campiella. Al fondo la carretera gira a la izquierda y después llegaremos a Campiello.

En Casa Herminia hay una partida de cazadores que han tenido una exitosa jornada: en el maletero abierto de un todoterreno hay media docena de jabalíes muertos. Mi hermano me espera en el interior. Comer en Casa Herminia es un gustazo, sobre todo si has andado 25 km. Pido el Menú de Peregrino pero sólo el primer plato, berza. La camarera, muy amable, no entiende que sólo quiera el primer plato e insiste en traerme también el segundo pero la disuado: con el primero es suficiente, aún quedan tres kilómetros (unos 40 minutos) hasta la aldea de Borres donde tenemos previsto pernoctar y no quiero que se me atraganten los últimos kilómetros.

Almorzando con mi hermano en Casa Herminia. La berza riquísima.

Al final la chica, poco convencida, me trae una gran cazuela con berza de la cual me sirvo tres platos. Tomo tarta de queso y un café. Sumado a la Fanta naranja que he tomado me cuesta 10 euros. En Campiello veo algo de movimiento peregrino: dos coreanas de unos sesenta años algo disgustadas porque los que trasportan mochilas les han perdido una de ellas y algún peregrino suelto que se aloja en el albergue de Casa Herminia.

Tramo final por un bonito camino con vistas a Borres. Ya queda poco.

Me despido de mi hermano con el estómago lleno y afronto los 3 últimos kilómetros hasta Borres a buen ritmo. Los dos primero van por asfalto que recalientan los pies. El Camino en este tramo final hace suaves subidas y bajadas hasta que me sumerjo en un sendero muy bonito y algo embarrado que me hace subir sin dificultad hasta la aldea de Borres, donde me espera mi hermano. Han sido casi 30 kilómetros espectaculares. Una etapa dura, porque el Primitivo es duro y casi no da respiro, subiendo y bajando de forma casi continua (David de Bodenaya contaba que si se extendieran los pliegues montañosos de Asturias llegaría a Despeñaperros) pero que enseña parajes de una enorme belleza.

Albergue nuevo y limpio de La Montera en Borres.

Nos alojamos en el albergue La Montera, nuevecito y que regenta Ramiro. Este ganadero y hospitalero está un poco disgustado porque unos peregrinos tuvieron un mal comportamiento la víspera pero cuando le comentamos que estuvimos con David en Bodenaya (y que mi hermano es amigo de él) cambia el semblante y acabamos charlando sobre el Camino Primitivo y sobre la próxima jornada que me espera con la travesía de la Sierra de Hospitales, la etapa reina de este Camino Primitivo. Ramiro nos comenta que las previsiones meteorológicas para Hospitales son muy buenas. Me alegro mucho porque está considerada por muchos como una de las mejores etapas, si no la mejor, de todos los Caminos de Santiago.

En el Barín gestionando la cena con Gloria.

Ramiro nos enseña orgulloso todas las instalaciones de su albergue, verdaderamente está muy bien equipado. Nosotros, como ya comenté, ocupamos la única habitación doble que hay. Me ducho y nos vamos al bar de la aldea, el Barín que regenta Gloria. Por desgracia, su marido ha sufrido un ataque de lumbago y no podremos pasar la tarde tomando cervezas en su terraza porque Gloria tiene que atender a las vacas y cerrará el bar pronto. Eso sí, nos prepara una deliciosa tortilla y una ensalada (y bocadillos para la etapa de Hospitales) que comemos en el albergue. Tras cenar toca dormir después de una etapa dura, intensa y espectacular.

Mañana nos espera la etapa reina de Hospitales y conocer a uno de los personajes más increíbles del Camino de Santiago.

Puedes leer las anteriores etapas aquí:

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