Tipo: circular

Dificultad: media- alta

Duración: 6-8 horas horas más o menos dependiendo del ritmo de cada uno

Distancia: 20 Kilómetros

Desnivel: 800mts de desnivel de ascenso 

Agua:  fuente en Los Centenares

Recorrido fotográfico:

Advertencia: conviene salir temprano ya que es una ruta larga de cierta dificultad y requiere buenas dotes para orientarse en un par de puntos críticos. Por eso conviene llevar GPS o el mapa Alpina de la Sierra de Segura.

El punto de partida de esta ruta es el nacimiento de Fuente Segura, a 5 km de Pontones, donde existe una zona de aparcamiento y un área recreativa junto a la espectacular piscina natural de la que mana el agua por donde nace el río Segura. Dejamos el coche en este punto y cogemos el carril que coincide en su primera parte con la Derivación 6 del GR-247 Bosques del Sur.

Aguas cristalinas y heladas del nacimiento del río Segura.

Caminaremos siguiendo el carril en ascenso durante 4.5 kilómetros inmersos en un bello bosque de pinos salgareños hasta encontrar un desvío a la derecha que nos lleva en unos 5 minutos al espectacular mirador de Juan León, desde donde tendremos una impresionante panorámica del valle de las aldeas abandonadas, con los pueblos de Los Centenares y Los Miravetes muchos metros por debajo de nosotros. Más adelante atravesaremos este recóndito valle por todo su fondo.

Vista del Valle de Los Centenares desde el mirador de Juan León.
Vista de Los Centenares con el zoom.

Volvemos al cruce anterior y continuamos por el carril, ya en ligero descenso hasta desembocar en una amplia llanura, la Hoya del Ortigal, que recorreremos hasta encontrar una barrera.

El camino nos acerca a la Hoya del Ortigal y el inicio del descenso hacia Los Centenares.

La sorteamos y recorremos en descenso un sendero que los hace bajar hasta encontrar un nuevo cruce, que debemos tomar a nuestra derecha. A la izquierda nos llevaría a otra aldea abandonada, la Hoya de la Albardia, que dejaremos para otra ocasión. La senda nos hace descender por una zona pedregosa y agreste.

Cañada agreste de bajada hacia el cortijo de la Cabaña y Los Centenares.
Rodeando el cortijo de la Cabaña, cuyos bancales quedan a la izquierda.

El sendero, muy bien marcado, nos lleva a continuación por un pinar hasta dejar atrás las ruinas del cortijo de la Peguera. Posteriormente, el sendero se hace carril hasta que encontramos un desvío a nuestra derecha que tomamos. Si siguiéramos de frente por el carril, este nos llevaría a otra aldea abandonada, la de Las Canalejas, un lugar nostálgico, triste y muy bello donde aún quedan los restos de la iglesia, una fuente con una de las aguas más frescas y ricas de todo el Parque Natural y un cementerio donde aún acuden familiares de los fallecidos a depositar flores.

Cementerio de Las Canalejas.
Fuente de Las Canalejas, de las más frescas de estas sierras.
Iglesia de Las Canalejas en estado ruinoso.

Volviendo al relato, optamos por girar a la derecha y, casi al momento damos vista al valle de las aldeas abandonadas, presidido por la de Los Centenares y sus amplias eras que rodean este espectacular pueblo ruinoso.

Primera imagen que tenemos de Los Centenares, bajo los paredones calizos de Los Miradores.

Tanto las aldeas de Los Centenares, como Los Miravetes, la Hoya de la Albardia, Las Canalejas, Las Espumaderas y tantos otros cortijos de la Sierra de Segura fueron víctimas de la creación del Coto Nacional de Caza en 1960. Los habitantes de estos pequeños pueblos había trabajado duramente durante generaciones para sacarle provecho a la Naturaleza salvaje y agreste de estas montañas, relacionándose entre ellos a través de caminos de herradura. Sin embargo, para que unos pudieran cazar ciervos y gamos Medalla de Oro las autoridades echaron a cientos de serranos, extirpándolos de su tierra, dinamitando sus casas, plantando pinos en los bancales para que no volvieran y trasladándolos al valle del Guadalquivir. En la aldea de Los Centenares quedaron las ruinas de sus casas, entre cuyas calles pasearemos.

Zona de descanso en Los Centenares que debemos cuidar y mantener.
Vista de Los Centenares desde la era principal.
Los Centenares es un lugar excepcional. Es responsabilidad de todos no dejar rastro de nuestro paso por él.

Descendemos hasta Los Centenares en unos minutos y encontramos una agradable sorpresa: un descendiente de un habitante ha arreglado una casa y adecentado una pequeña parcela con bancos y mesas a la sombra de un nogal y donde hay un grifo de agua fresca. Damos un paseo recorriendo las calles estrechas de esta aldea de casas apiñadas. No conviene entrar en muchas de las casas por el riesgo de derrumbe del techo. A unos cien metros vemos una pequeña chopera, si nos acercamos encontraremos una fuente-lavadero donde fluye todo el año el agua bien fría.

Tumba marcando la muerte de esta aldea en una de las casas demolidas.
Descansando en la era de Los Centenares bajo la sombra calcárea de Los Miradores.
Imagen del valle de Los Centenares desde la era. Al fondo puede verse la aldea de Los Miravetes.

Una opción muy recomendable es acercarnos a la era principal del pueblo, donde podemos tumbarnos en el césped, viendo a un lado el enorme murallón de Los Miradores de Juan León (desde donde vimos el pueblo al inicio de la ruta) y al otro lado la aldea de Los Miravetes, al fondo del valle. También vemos, a la derecha de este segundo pueblo, los bancales y los chopos por los que deberemos ir para encontrar el camino que nos sacará del valle subiendo el murallón del Poyo Serbal.

El descenso al fondo del valle recorre parajes húmedos y frondosos de una gran belleza.

Dejamos Los Centenares y nos encaminamos en dirección Noreste buscando un carril que nos hará descender por un denso pinar hacia el fondo del Barranco del Lobo. El carril desaparece en cuanto llegamos al río de los Centenares. Nos es un problema. Transitaremos entre chopos y bancales junto a este arroyo, que tendremos que cruzar en varias ocasiones. Seguimos el cauce disfrutando de un bellísimo y húmedo entorno durante unos veinte minutos. Hay que estar atentos para salirnos hacia la derecha por un sendero poco antes de que el valle quede encajonado. Esta senda nos hará subir en uno diez minutos hasta la aldea abandonada de Los Miravetes.

Al poco de comenzar el ascenso vemos ya bastante por debajo la aldea de Los Miravetes.
Zoom para ver mejor las casas apelotonadas de Los Miravetes.

Podemos hacer una parada en Los Miravetes, donde la antigua casa de la curandera del pueblo sigue en pie y podría usarse en caso de emergencia. Tras el descanso, hay que buscar el sendero que nos sacará del valle, es un punto crítico, por eso debemos ir subiendo los bancales de la aldea, yendo con tendencia hacia el Este. Cuando lleguemos al último bancal, entre chopos, veremos un hito que nos introducirá en un sendero semioculto por la pinocha que pronto nos hace ascender y ganar vistas del valle.

En los últimos bancales de Los Miravetes, junto a unos chopos parte el sendero, hitado, que nos hará salir del valle de Los Centenares.

El camino aprovecha el trazado de las torres de alta tensión que se instalaron para dar luz a las aldeas del valle. Otra ironía más, ya que se hizo el tendido pero nunca llegó la electricidad a Los Centenares y Los Miravetes, ya que la declaración de Coto Nacional de Caza echó por tierra la llegada del progreso a estas aldeas serranas.

Torre de la luz junto al sendero que nos hará subir hasta lo alto del Poyo Serbal.

Pronto ganamos vistas de Los Centenares, allá al otro lado del valle. Tras unos 40 minutos de subida algo exigente nos plantamos en lo alto del Poyo Serbal, junto a una alambrada de cruzamos para introducirnos en una cañada desde donde vemos, enfrente a unos cientos de metros, el carril que hace unas horas recorrimos para ir al mirador de Juan León.

Magníficas vistas del valle de Los Centenares desde lo alto de Poyo Serbal. La aldea y su enorme era se ve a lo lejos.
Tras ascender el Poyo Serbal cruzamos un pequeño canchal. En este punto debemos girar hacia la izquierda para descender hacia el nacimiento del río Segura por la Cañada de la Puerca.
Cañada de la Puerca.

Nosotros optamos por girar hacia a la izquierda y nos introducimos en la cañada de la Puerca, por el que descenderemos, por el margen derecho del cauce según se baja, buscando volver al nacimiento del río Segura. Tras media hora de recorrido llegamos a una explotación ovejera desde la que tenemos a tiro de piedra el punto y final de esta ruta que nos ha permitido conocer uno de los valles más recónditos y bellos de este Parque Natural.

Esta ruta nos ha permitido conocer uno de los lugares más bellos y menos transitados del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. A nivel histórico y etnográfico, caminar junto a las ruinas de estas aldeas despierta sentimientos encontrados de pérdida, nostalgia y pena por lo que sufrieron los serranos que fueron expulsados junto a la belleza natural que rodea estos enclaves abandonados.

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